Grito Vacío
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jueves, 15 de junio de 2017

Otro relato corto (19)

            Al salir y seguir a Shiin, la visión del chico se volvió borrosa. Se giró y vio que no había rastro de la roca mellada de la prisión, nada más que unos tristes barrotes que antes no estaban ahí. Volvió su mirada a Shiin y lo siguió.

            Durante un momento, Shiin le fallaron las piernas y cayó. El chico fue a ayudarlo, pero éste lo apartó.

            -No es nada, simplemente me encuentro algo débil.

            Siguieron andando hasta llegar a una puerta maciza de roble. Shiin acercó el oído y luego con cuidado empujó la puerta. La habitación estaba repleta de cachivaches y uniformes en cestas. Además, había una mesa con botellas, velas y platos.  

            Al fondo de la habitación, había un guardia recostado en una silla durmiendo. Shiin entró y cogió los uniformes. Luego se acercó al guardia. En su cinto había una espada y un manojo de llaves. Cuando fue a tomarlo, el guardia se estaba despertando. El chico fue corriendo, saltó encima la mesa y agarró una de las botellas por el cuello y la estampó todo lo fuerte que pudo en la cabeza. Shiin se levantó de un salto, sorprendido.

            -Gracias… No me había dado cuenta.

            Algo había en Shiin que al chico no le gustaba. Si uno se fijaba, podía ver que las arrugas estaban más marcadas, su voz no era tan profunda y que sus movimientos eran más lentos. Algo le estaba pasando.

            Shiin se puso el uniforme que había encontrado. Se ciñó la espada al cinto y salieron del cuarto.

            -Ahora estate quieto. No hagas nada.

            Shiin puso la mano en el suelo, se concentró y la piedra roja que tenía en el ojo, empezó a supurar un líquido negro. Una pequeña gota calló sobre el reverso de la mano. Empezó a sudar y a ponerse rojo. Apretó la mano contra el suelo y de manera súbita e instantánea, el chico sintió como si alguien le hubiese empujado hacia atrás.

            -Me han descubierto, -dijo Shiin con un hilillo de voz- tenemos que correr.

            Empezaron a correr como pudieron, a lo lejos se escuchaba el entrechocar de las armaduras y gente gritando órdenes. Giraron solo vieron la primera esquina e intentaron esconderse. Aquello cada vez parecía más enorme. Vieron una puerta y se apegaron a ella tan rápido como pudieron. Los guardias que habían escuchado, no habían girado.

            Entonces, la puerta se abrió y una voz dijo:


            -Oh, ¿así que ya estabas aquí?
 

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