Grito Vacío
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domingo, 5 de febrero de 2017

Otro relato corto (3)

            Al abandonar el pueblo, completamente desnudo y magullado. Tiritando del frío, deambuló por el bosque en una noche sin luna. Lloraba en silencio, puesto que se había quedado sin voz después de gritar de dolor. De sus ojos, las lágrimas tampoco salían, eran pequeñas gotas de hielo.

            El shock fue demasiado para su joven mente, las imágenes de la viuda colgada corrían entremezcladas con el griterío y la violencia en el pueblo. Aun así, siguió andando.

            Al día siguiente, ya no se sostenía en sus pies despellejados y quemados por la nieve. Calló en el camino. Estaba tan cansado que no oyó la carreta que se acercaba…

            Cuando abrió los ojos, se encontró enfrente de una pequeña hoguera, un cuenco con algo parecido a un estofado y enrollado con mantas y con una ropa que no era suya.

            -Come un poco, no es mucho.

            Un hombre mayor, le miraba desde las sombras proyectadas por las titilantes llamas. Al ver que el niño no le entendía, le señalo el cuenco. Se forzó a comer, sabía a meados aquello. Aun así, comió. El hambre crecía a la vez que la porción menguaba. Al terminar, el sueño volvió.

            Cada vez que despertaba, se sentía mejor. Cuando abría los ojos, estaba en un sitio diferente y siempre aquel hombre tenía el pequeño libro en la mano. Y aunque las sombras ocultasen su rostro, sentía que le estaba mirando a él.

             
(Holas, me gustaría conocer vuestra opinión y que querríais añadir, ya que la escribo sobre la marcha. )

viernes, 3 de febrero de 2017

Otro relato corto (2)

La primera señal en llegar, fue el invierno y sus gélidas nevadas. Ni a los lobos se les escuchaba. Ancianos y ancianas atrancaban sus puertas al caer el sol. Los niños no salían a jugar con la pelota.

La segunda señal fue a manos del mercader que llegó escoltado con guardias. La gente del pueblo no pudo comprar, él tampoco podía vender.


En el pueblo no había sentado bien que sus conocidos y familiares no volviesen aún de la guerra. Mujeres, niños y niñas desconsolados, ancianos ya sin vida. La histeria y el pesar se palpaba en el aire. Fue entonces cuando ocurrió. Al irse el mercader, desapareció la viuda. La gente se reía nerviosa, pensando que la vieja mujer había tenido un romance. Intentaron distraerse hasta que encontraron en la ermita del antiguo culto a la viuda. El cuerpo inerte y amoratado de la anciana colgaba como una marioneta. A sus pies, unas pequeñas huellas y una pequeña piedra negra mate. Siguieron con la mirada asombrados y estupefactos las pequeñas pisadas. Allí en una esquina esta nuestro chico. Temblando, con los ojos enrojecidos, descalzo y magullado. Sus manos manchadas de sangre y frías.

Horrorizados, cogieron al niño por el cuello y lo despojaron de su raída camisa y sus pantalones de lona. Lo apedrearon, las ancianas lloraban y maldecían. Le escupían y le lanzaron orines. El pánico estaba escrito en el rostro de cada uno. El odio les hacía escupir todo el veneno de sus corazones. A su vez, ellos mismos se dejaban engullir. Nadie quiso ayudar al niño, nadie se molestó en escucharle.


Nadie se preguntó, ¿Qué ocurrió?...

jueves, 2 de febrero de 2017

Otro relato corto

-Hablando de contar historias alrededor de una hoguera, me acuerdo de una.

-Adelante, cuéntanos.

-Ponme un poco más de vino…

Esta historia no tiene moraleja, no es una leyenda, no. Esta historia es para recordar y temer el poder de la magia y sus secretos. Os invito a escucharla, como vosotros me habéis acogido en vuestra hoguera.

Recordemos lo que nuestros abuelos nos contaban, de aquellos inviernos fríos y oscuros. Temed al silencio, temed a la calma. Todos recordáis el cataclismo y el Gremio de la Rosa.

Lo que os voy a contar es una historia de cierto muchacho. Aún con los estragos de la guerra de los fierros. Muchos jóvenes que no tenían la fuerza necesaria para tan siquiera empuñar una espada, se quedaron en sus hogares esperando a un padre o a un hermano volver.

Nuestro muchacho, no fue como ellos. No esperaba a nadie, era un huérfano. Una viuda lo había acogido con la condición de trabajar en el granero, que su difunto marido dejó a su cuidado.

Aquella mujer y él, coexistían en un silencio sepulcral. Aquel muchacho siempre mantenía la distancia. Muy de vez en cuando gruñía como muestra de entendía lo que le decía.   

Un chico callado y sin nadie que lo echase de menos, una mujer solitaria demasiado mayor para volver a casarse y lo suficientemente joven como para tener un hijo. Eran el centro de los rumores de por aquella zona. Ya sabéis como son los pueblos.

Por ese mismo motivo, nadie sospechó de nada cuando ocurrió. He aquí donde empieza esta historia. Con el frío y el juego de luces y sombras… Comencemos. 




(Si alguien me sigue leyendo, dad señales de vida y lo seguiré)
Autor de la imagen: Borja Talens

miércoles, 1 de febrero de 2017

Si muero

                   No estaría feliz, estaría muerto. Tampoco estaría triste ni enfadado. Estaría muerto y frio. Estaría muerto como esta entrada.

               En el instante en que mi vida pasase por delante de mis ojos, sí que estaría triste, pero sobretodo enfadado. Muy cabreado y no por morir, sino porque no tengo nada que destacar en mi vida. Nada de que sentirme orgulloso. Vería como tomo una y otra vez cada decisión que he tomado y vería como me he equivocado. Aunque aún tengo tiempo o eso creo. 

               Nacemos ricos en tiempo y lo derrochamos. Aunque hay veces que no es malo, el cuerpo y el alma necesitan descansar. Pero de esas veces, muchas, nos volvemos perezosos, al menos yo. Me pongo a divagar sin obtener respuesta a nada, apartando los miedos y los problemas. Perdiendo el tiempo de manera excesiva, huyendo de la verdadera cuestión que resolver. Y eso es triste.

               ¿Qué hacer ahora? La solución no es hacer muchas cosas, ni muy rápido. Ya que sería presa del miedo. E indistintamente funcionasen las cosas o no, el resultado sería el mismo.

               Y aunque sé que debo hacer algo, lo primero ha de ser imponer prioridades. Un horario, domar mi tiempo. Decidir en qué gastarlo. Y aunque fracase o triunfe, ambos finales me enseñan cosas necesarias para más adelante. Ya que el conocimiento es mi mejor baza ante el silencio.

               Cuerpo sano, mente sana. Tal vez sea la clave del misterio y sea la pereza la que me vende los ojos y me susurre al oído que eso es solo una falacia. Pero voy a ignorar a ambos. Haré caso al silencio, a la calma y a la quietud. Y moverme entre mis problemas y desollándolos. Viendo que se cuece e ir por partes.


               Y aunque dude y falle, es mi método y mi vida. Aún no he muerto.

martes, 17 de enero de 2017

Llegó

Llegado el momento, me encuentro de nuevo en una encrucijada. Ante las posibilidades que me ofrece la vida, no se cual elegir. Tengo tantas preguntas en mi cabeza y no sé por cual empezar. Tengo proyectos inacabados y cosas que me dan pereza empezar. Me temo que esta es otra carta al olvido.

Las cosas pasan por un motivo, un cambio. Solo se necesita de un segundo para apretar el gatillo y que la vida pase por delante de tus ojos. Las cosas, no tienen el mismo sabor que ya era poco, pero era suficiente. Ahora nada.

Ahora intento distraerme y curiosamente concentrarme a la vez. Mi primer objetivo es adaptarme, que el silencio no me agobie. Y os aseguro que eso no se vence con solo ruido, no. El silencio se esconde en cada coma, en cada suspiro. El silencio no desaparece, el silencio se reafirma a pesar que lo intentes llenar, pero el siempre sigue ahí. En el momento en que desfallezcas y las fuerzas te fallen, en el instante en que te pares a pensar, volverá.

Ahora estoy desarmado, ahora ni de mi boca salen palabras. Siento al silencio acechando y con eso basta para que sienta su aliento en mi nuca. Quizá no aparezca y me acostumbre simplemente a tenerlo cerca, eso el tiempo lo decidirá.

Pero con el sol de cara y el viento de frente, veo como las nubes se acercan y siento que el tiempo nunca se detendrá. Por ahora solo veo una opción y es cerrar los ojos, suspirar y volver a abrirlos, a buscar un poco de fuerza dentro de mí. A despertar de este letargo, volver a levantarme y que a pesar de que me duela todo, seguir firme y mirar hacia delante.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Borrador

Joder, cuanto tiempo. O eso pienso. Aun así, creo que no es suficiente. No sé qué me pasa. Tengo miedo de no transmitir lo que de verdad siento. Tal vez sea por eso que ya no escribo como antes, ni tanto. Pienso muchas veces en lugar de sentir. Ya no me impulsa el deseo ni el ansia. Tal vez he perdido algo importante y me encuentre un tanto perdido por esta extraña situación.

Aunque no me lo crea, ahora no sé cómo descargar toda la frustración e ira como antes. O tal vez no la haya descargado nunca y simplemente me olvidé que la tenía por ahí tirada. Pero como todos los platos sucios, simplemente se amontonan hasta que ya no caben más.

Hay un montón de cosas que debería hacer ahora. Y simplemente me paso las noches viendo vídeos y evadiendo todas las dudas que me asaltan, las preguntas, los problemas y los miedos. No sé qué hacer, ni cómo enfrentarme a ellos. Hay veces que enciendo el televisor para llenar el silencio. Ya no encuentro satisfactoria ni la música que me gustaba. ¿Habrán cambiado mis gustos sin darme cuenta?
Me miro al espejo y no me encuentro. Tan fofo, con tantas ojeras. La barba dejó de estar simplemente desaliñada y se ha vuelto un desastre. No aparento ni la edad que tengo. ¿Qué me ha pasado?

Todo a mi alrededor se está desmoronando o simplemente cambia y yo no sé cómo adaptarme. No sé de verdad que hacer. Cuando intento poner en orden las cosas, siempre sale la mierda que llevo dentro y me arrastra otra vez al principio. El caos acecha desde las sombras proyectadas por el flexo de mi escritorio. Me recluyo y me hundo. Lo que antes era mi fortaleza, se ha vuelto una prisión. ¿Qué hago cuando todo falla? Hay cosas en este caos que atesoro, por eso no puedo quemarlo todo sin miedo a joder lo que me importa.

¿Qué es ser un adulto? ¿Qué es madurar? Veo a los “adultos” de mi alrededor y no quiero ser como ellos. Tantos rostros falsos, tantas mentiras y máscaras que ocultan el miedo, asco y odio. ¿Por qué no simplemente hablan sin modismos? ¿Por qué no hablan claro? Se pueden decir las cosas con educación. Me desesperan, sobre todo cuando interpretan lo que digo. Si quisiese que interpretasen lo que digo, lo diría.

¿Madurar es tragarte tus problemas para ti mismo? ¿Tal vez sea tener orgullo y principios? ¿Será tener la razón? ¿O imponer tu voluntad? El significado se escapa de mí. He perdido la esperanza en la gente de mi alrededor. No es que sean malas personas, pero creo que son así porque no conocen otra cosa.

Ellos engullen sus miedos, engullen sus problemas con tareas para distraerse y luego les estalla. Lo pagan con el primero que pillan. Por sus bocas solo habla en odio, la pena y la vergüenza.

Pararé esto, ya que creo que divago ya demasiado. 

miércoles, 13 de julio de 2016

El indicado.

He profundizado mucho en mi pensamiento, en mí mismo y es cierto, ya no tengo interés en mí ni en el resto de personas con las que me pueda encontrar. No siento interés en nadie que sea humano. Ahora lo que me quita el sueño, son las pesadillas. Algunos dirán que me he vuelto retorcido y muy charlatán, pero es cierto si digo que los he imaginado a todos muertos y utilizados como objetos de mi venganza. 

No soy de vestir traje, nunca he estado en lo que se llama estar en forma. No tengo buena figura, pero claramente tengo clase. Me he vuelto engreído, pero aún así sigo siendo yo mismo. Mi forma de ser es la misma pero sigue sin ser definida. Aún no veo los límites de mi sombra. Y ahora que he abandonado la superficialidad de la sociedad, pienso que la gente es muy bruta. Sus actos y sus tejemanejes son torpes. 

Tanta gente por ahí que van de progresistas con su libertad de expresión siendo cautivos de su propia concepción del mundo... Me aburren. Estoy cansado de mover hilos, de hacer desde las sombras que las cosas encajen en esta cruel maquinaria. Pero no lo hará otro, soy el indicado aunque no quiera. No todos nos construimos un futuro. Muchos sentimos que nuestro futuro no existe y se vuelve como una necesidad. La necesidad de cumplir nuestro deber. Sé que hay más como yo, pero pocos. Nos movemos con sigilo y entre humo. Tanteamos mentes y al menos yo me odio por eso. Pienso que lo que veo y siento se vuelve una mentira. 

Hay veces que me despierto cubierto de sudor, pensando en que se me acaba el tiempo y no veo una salida. Otras pienso entre sollozos que porque me metí en esto. Pero hoy ha sido diferente. Hoy he abierto los ojos al despertar, una sonrisa animal amaneció en mi rostro. Solo un pensamiento me viene a la mente: 
  
       "Ahora soy preso de mí mismo, siento la herida y lloro. Siento ser humano y estar vivo. Ahora              que he caído en el abismo y me ha engullido, siento que tengo un nuevo papel, un nuevo deber.           Un deber para el cual solo puedo hacerlo yo. ¿Por qué? Porqué soy el indicado."
 

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