Grito Vacío
this site the web

Recent Photos

image
image
image

domingo, 19 de mayo de 2013

Mi nombre es Salem

Viste como anduvo por la noche con su sonrisa dibujada en el cielo y su sombrero gris. Marchaba con sus zapatos a bailar hasta el amanecer. Tarareaba una triste melodía y aun así sonreía alabando a su mala suerte. Un cigarrillo bailaba entre sus dedos y el humo le daba el aire de podrido caballero. No le quedaba amor por el que vivir. Estaba jodido y a pesar de todo estaba vivo. En su reloj marcaba siempre la misma hora. No es un galante amante, no es alguien confiable, es solo es un niño que jamás creció y algo susceptible. 

Con otra zancada me acerco más a mi muerte. Estoy mirando el cielo estrellado. Ando muy  lentamente y me acerco al precipicio. Mis demonios miran y sonríen mientras cantan, bailan y que más me da lo que hagan. Y aún así no siento que pase el tiempo. Nadie más que yo anda por este sendero. Que mis cenizas se las lleve el viento, igual que mis sueños. 

No tiene mal carácter, patrulla la ciudad cuando muchos duermen. Lleva gafas de sol y jamás lo ha visto. Dale un trago y él brindará por ti hasta el fin de sus días. Se pasea por las calles buscando la manera de huir de esta ciudad, pero su sombra le persigue. Le quitaron su felicidad y su amada libertad. Vagabundea por todos lados. Tiene vacía la cartera y los bolsillos. No tiene nada más que otro portal al que llamar hogar .Pero siempre con una sonrisa, vacilante y feliz de ver otra noche la luna en su precioso cielo. 

Y por todo eso y mucho más, soy otro sucio perro que busca algún lugar que cobijarme. No soy solo lo que la gente ve, soy eso y mucho más. No estoy muerto, aún no. También me quitasteis el derecho a morir. Pero ya me da todo igual. De todos nosotros, yo soy el punto final de esta macabra obra. Soy las cenizas de tu cigarro y voy a ser la parca. Voy a ser vuestra misma sombra. Buscasteis problemas y os habéis topado con la misma guerra. Mi espíritu es quién me da otro suspiro para avanzar y vuestra sangre en la suela de mis zapatos me devuelve a la vida. Mi sonrisa me delata, disfruto con poder haberos violado en la intimidad y haber reventado vuestros sesos. Si, disfruto con veros llorar. Pero ya no me es suficiente...

Y es cierto, ahora voy a compartir vuestro dolor y humillación con toda la ciudad. Pero ahora me voy a poner mi sombrero, me voy a emborrachar y me iré a cazar a un par de ojos que hoy me quieran acompañar a algún motel... Hoy he vuelto a ser joven, hoy he vuelto para quedarme... Hijos de puta, aquí está el Gran Cabrón para violaros, para destrozaros la puta cara. Detrás de esta sonrisa que me oculta, hay un rostro enfurecido y muerto. Si, estoy dispuesto para salir a bailar, bailaré toda esta noche con vuestras pesadillas y mañana os asaltaremos en vuestros sueños. Es hora de tomar venganza... es la especialidad de la casa. 

domingo, 21 de abril de 2013

Y si vienen con problemas...

Echaré vistazo a mis entrañas, al vacío de mi pecho, al hueco del universo y a todos los días que se asoman en las noches y cada una de las huellas de un camino andado. Mareado y en un puente veo mi imagen reflejada en el fondo del agua. En la ciudad flotante todo es maravilloso, todo es puro, todo es mentira. Gente que anda por la calle enmascarada y sin propósito vaga y quién sabe lo que tienen en mente. No sabría decir si lo que siento es la angustia de no poder dejar mi mente en blanco y tomar un descanso. No existen ya los días blancos, solo el dolor adormecido de levantarse todas las mañanas.

Mirando estabas y sentada al lado de la ventana, tomabas tu café. La cuenta estaba ya pagada, era tu casa. Mirabas el agua caer, olías el perfume de la sala. Todo era tan perfecto... Las pesadillas te asaltaban cada noche y de día la realidad te acariciaba tus sonrosadas mejillas. Tan tierna eras que hasta hoy consigues entristecerme por tu pérdida. 

Hoy ando por las calles de la ciudad flotante. La pestilencia de las calles estaba disfrazada por el perfume de la tierra mojada y el humo de los coches. La gente sumisa al yugo del miedo sigue midiendo sus pasos por fingir no ser presas del pánico. Nadie desentona y todos con el mismo destino, el impuesto. No se si habrá más personas en esta encrucijada, pero yo me siento solo.

El calor del sol bañaba tu piel. Estabas al lado de la piscina con tu toalla envuelta. El pelo mojado y las gotas del agua resbalaban por tu espalda desnuda hasta posarse en tus nalgas. Me gustaría poder abrazarte, entregarte cada pedazo de mi y rendirme en tus rodillas desconsolado por el frío. No quiero llegar allá al cielo porque no conozco a nadie, solo quiero ser abrazado por ti y entrelazar nuestros cuerpos...

Desperté sobresaltado con tu foto en el mismo guardapelo que me regalaste. Te fuiste de esta ciudad maldita para desplegar tus alas y ensanchar tu sonrisa. No se si volverás, no se si nos volveremos a ver. Pero yo voy a hacer de estos edificios un lugar mejor para cuando vuelvas, voy a desenmascarar al leviatán...
"Y si vienen a por problemas, les daré uno que no tendrá solución -D.W."

domingo, 14 de abril de 2013

Storm

Crees que conoces a la bestia por haberle visto a los ojos, pero dentro de sus entrañas el odio le pudre. Sino ha muerto aún es porque ya nadie le podrá cortar el cuello. Y eso que vino del infierno. Se alimenta de la sangre de tus sueños. Vive del pan de tus pesadillas y de los celos muere cada día más. A los tejados de nuestra vieja ciudad gris vaga perdido pidiendo venganza. Ya no tiene miedo. Le buscaron problemas y se toparon con la misma guerra...

Ahora pido cabezas trinchadas en estacas en la puerta de la ciudad, en tu ventana y en cada una de las esquinas. Quiero pedir al cielo que no me de redención. Estoy podrido, estoy muerto y ando vivo. No tengo pulgas y soy un perro. 


Y el demonio le condenó por ser tramposo y orgulloso. Se pudrió en todas las calles. Pidió piedad y le dieron ostias como panes ¿Y pides piedad? De su aullido se ambientan las historias de miedo. En sus entrañas se esconde un secreto y es que una vez fue humano, pero renació y no volvió solo. Él trajo sus cadenas resquebrajadas. Del rasgar de su garganta se oyen cientos de voces  procedentes del infierno.

Y tal vez te acuerdes de mi rostro pero no de mi voz. Te dije princesa que no se puede detener al viento y conmigo traje la tormenta. Ahora todo está al alcance de mi mano. Soy un monstruo si se me puede llamar. Tengo traje y garras. Tengo colmillos y una corbata. Me llaman bestia pero no soy ningún animal. Me llaman bastardo, pero soy el hijo de esta ciudad. Yo soy el miedo a la libertad. 
-Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza.- Edgar Allan Poe.

lunes, 8 de abril de 2013

Otra estúpida historia de mal gusto

Me encuentro perdido sin tu latido en mi oído. ¿Qué pasa con las promesas que te hice, cayeron en el olvido? Sin tus palabras, sin tus caricias, todo es silencio y frío. Pasando por todos y cada uno de nuestros recuerdos quiero no temerme lo peor. No podría escuchar un adiós ni el lamento de un silencio eterno.

Sentado frente a la ventana, el telón se corre y empieza la función con el ruido de los cristales rotos de fondo. Que nada te detenga, que nadie te corte el paso y otros cientos de frases en mi corazón que ahora no están. Tengo un mal presentimiento, no siento que las cosas vayan por el buen camino. Los días iban perfectamente y ahora nada encaja. La tormenta está sobre nuestras cabezas.


El frío hielo, la densa muerte, las angostas callejuelas de una vil ciudad toman otra vez ese color gris de antaño. Tantas noches que pasamos tumbados, olíamos a sudor, olíamos  a felicidad. Todo reducido a cenizas porque me fuiste arrebatada. Nada que se me pueda dar. La noche cae y consigo todas las estrellas.


Estoy en el océano y bolas de fuego que se apagan. Si las estrellas mueren, ¿por qué nosotros no íbamos a ser diferentes? Nadie escapa y ella los atrapa. Nadie huye y ella los caza. Hasta las piedras han de morir, hasta las piedras se vuelven arena. Por muy fuertes, por muy fríos que seamos, solo somos motas de polvo ante la inmensidad del vacío, del olvido. La espesa negrura del fin. El manto de la muerte nos cubrirá a todos por igual.

Ven conmigo, huyamos hasta el fin de nuestros días. No tengo un buen presentimiento de todo esto, pero si te tengo a mi lado creo que al menos podré sobrellevarlo. Dame la mano y huyamos del mundo de los muertos, juntos.

jueves, 21 de marzo de 2013

Diario con cerveza II

-...Antes de nada pediré una cerveza y reanudaré con mi relato -el camarero tomaba nota mientras los demás pedían sus refrigerios antes de volver a sumergirse en su charla.

La pequeña mesa redonda era el eje donde nuestras voces volaban hacía los oídos y se hacían hueco en cada corazón de los que estábamos allí reunidos. Era mi turno de los cinco allí sentados, el último era yo. Como era evidente, me reservaba este momento para tomar una calada a mi cigarrillo y combinar mi sangre con algo de alcohol. Otro día con el que todos nos sentíamos unidos por recuerdos y sueños trágicos. 

-Y cuando llegó el momento todo se tornó oscuro -empecé como todas mis historias, con mi negrura combinada de aquellos días-.Todos miraron tras la ventana y otro cadáver era recostado en el portal de la casa, ya eran seis los que dejaban allí.

-Aún sigo sin entenderlo -preguntó un hombrecillo tras su prominente barba- ¿a que se debía esa acción? 

-Pues según tengo entendido, los propietarios de aquella casa eran grandes médicos pero que se negaron a curar a los lugareños. Debido a esto, ellos decidieron dejar a sus muertos alrededor de aquella imponente mansión para dar escarmiento, de poco les sirvió- suponía que el hombre tenía razón, les debía una explicación, puesto que mi historia comenzaba sin fundamento-. No pude verificar esta parte de la historia, hago hincapié que la escuche de un chico que borracho que decidió charlar conmigo por unas copas más de aguardiente. 

Y la tarde siguió su curso mientras los allí presentes bebíamos. Puesto que siempre concluía la historia con una pregunta, pretendía incitar a mis oyentes a vivir aventuras para que al volver me contasen sus andanzas. Pero yo no tenía aquel don de la palabra. Mi voz a duras penas les conseguía despertar del sueño. Pero ya eran las siete y media de la tarde y debía marchar a casa, improvisé alguna incógnita que no dio resultado pues ese no era su verdadero y trágico final. Aún era noviembre y el viento dejaba constancia de ello y en mí, siempre iba una cazadora, una bufanda y unos guantes. 

Me despedí tan formalmente como pude y marché a casa de forma apresurada. No se que edad creéis que tendré, pero en aquellos años, yo aún era menor y por mi mismo considerado un niño demasiado obsesionado con el tiempo. Con aquella edad ya tenía vicios de adulto y con mi cigarrillo clandestino volvía a mis andanzas de calle, rutinarias. Anduve por las calles con la noche persiguiendo al día que fugaz ya se escurría por el horizonte.  Mientras abría la puerta de mi casa lanzaba la colilla por la alcantarilla, sin pruebas del acto condenador. 

Subía las escaleras preocupado por como ocupar el tiempo restante hasta la cena. No debía volver a abrir aquel libro. Yo amaba mi vida monótona y aquello me sentó como un cubo de agua fría. Nunca debí leer aquellos pasajes. Ahora no veo nada con los mismos ojos. Ahora la realidad me sabe a poco. Decidí sentarme en la cocina escuchando a mi madre mientras hacía la cena saboreando cada instante insipido. Y al llegar a la cama me volví a condenar cuando me dejé seducir por aquella portada azul. Mi corazón ansiaba otra melodía de aquellas páginas y así otro día finalizó. Es cierto, aquel libro se volvía una obsesión y las obsesiones no eran buenas...

jueves, 14 de marzo de 2013

Diario con cerveza I

Justo, tal y como pensaba, el viento soplaba con tanta fuerza que hasta los árboles se balanceaban de manera alarmante. El viento llevaba consigo la tierra hacia los ojos de la gente que andaba a trompicones. Desde detrás de la ventana solo se percibía un ligero silbido del viento que se colaba entre las ventanas mal cerradas, un día magnífico imperaba y el sol de medio día imponía su ley.

Me levantaba de la silla dejando el libro sobre la mesa. Bajar las escaleras hacía que mi batín ondease dándome aires de importancia, de superioridad. Centrado en cada uno de mis nuevos interrogantes me acometía a la ardua tarea de enfrentarme a la rutina de todos los días, un café con leche y dos cucharas de azúcar. Hoy encontré unas galletitas para acompañar a este pequeño lujo. Ya era el momento del café de las doce menos cinco diario.

Me quedé plantado al entrar en la habitación, memorizaba como cada día antes de someterme a aquella lectura exhaustiva. Grababa en mi cabeza cada esquina de la habitación verde pastel, cada libro en su estante, la cama, el espejo, la silla... Todo en su sitio, tal y como estuvo ayer. Desarrollé este manía debido a aquella inmersión diaria en aquel baluarte por miedo a no volver jamás de allí. Todas aquellas peripecias a las que sometía el autor a cada de sus personajes, aquella humillación, esa falsa felicidad... todos aquellos bandazos al aire parecían aleatorios pero desde arriba se podía percibir una hermosa danza. Una danza que jamás lograré bailar.

Ya era yo sentado frente al escritorio, allí mi café humeante, las migas de las galletas y el libro eran mi única preocupación. Mientras  la gente se labraba un futuro, yo, cavaba mi propia tumba. El mundo giraba y yo con él. Y así los días pasaban con armonía y como todo buen libro, esta historia comienza cuando ya no queda sitio para esta paz. En el prólogo.

domingo, 3 de marzo de 2013

Spring Heeled Jack

Ya es media noche y nadie escucha el repiqueteo de unos zapatos que a las doce siempre andan de aquí para allá. Anda y anda entre calles y portales. Habla y cuenta estrellas en un cielo nublado. Sus zapatos marcan las horas y jamás se detienen. Su sombrero vuela de aquí para allá con los vaivenes del viento. Mirarlo puedes si te fijas atentamente, pero solo cuando no lo buscas ahí lo encuentras. Su sombrero esconde millones de historias de las que ya nadie se acuerda. 
Alguien dijo que lo vio sentado en una fuente y contando estrellas. Eso si, con su zapato izquierdo repiqueteando al ritmo del universo. Nadie que lo haya visto, lo vio llorar. Como si de una máscara se tratase, siempre anda con la misma sonrisa de misterio en su rostro. Dicen que vive en las esquinas y que duerme bajo las farolas fundidas, dicen tanto de él que ya nadie sabe que es mentira...

Pero resulta que cuando leyenda te vuelves, la gente acaba por olvidarse y la leyenda pasa a historia y muere en un cuento.Yo se que existe, yo lo he visto mirar al cielo apoyado en su bastón y sus zapatos de charol repiqueteando. Nadie lo ha visto, nadie cree ya en los cuentos. 

Se que pasa los días en los tejados, las calles se han vuelto peligrosas. La gente corre y se divierte mientras que él ahora salta en los tejados más cerca de la luna a quien siempre le dedica una hermosa lagrimita. Seduce las estrellas y anda en busca de su sombrero que otra vez se lo llevó el viento. Nadie lo ha vuelto a ver, ya no anda por las calles y los días de lluvia repiquetea con sus zapatos para imitar a los truenos. Y su andar se volvió grácil y salvaje. 

El mito muere cada noche y deja de ser un mero cuento para caer en el eterno olvido. Nadie dice ya a verlo visto pero los que le conocen y lo han visto no han sobrevivido. A lo mejor, resultará que no era tan bueno como lo pintaban... 
 

W3C Validations

Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Morbi dapibus dolor sit amet metus suscipit iaculis. Quisque at nulla eu elit adipiscing tempor.

Usage Policies